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"Hacen falta más que nunca santos sencillos, ocultos, humil-des, a lo Nazaret."

Plenitud

Amanece el 1 de octubre de 1994, festividad de santa Teresa del Niño Jesús -a la que el Siervo de Dios P. Tomás Morales S.J. tenía una especial devoción, cuenta entre los santos protectores de la obra por el fundada-, primer sábado de mes y primer día del mes dedicado al Rosario. Alrededor de las 17.30, sin agonía, sin grandes gestos, con la sencillez que había caracterizado toda su vida, entregó el Padre Morales su alma a Dios. El P. Val S.J., que estaba presente, pensó: "Así mueren los santos".

Acababa de terminar su peregrinación por esta vida. Había pasado por ella como un gigante, un luchador, profeta de una civilización renovada en el amor a Cristo. Tenía casi 86 años, pero había conservado el espíritu joven hasta el final.

El día 2 de octubre se celebraron misas constantemente. Desde las diez de la mañana hasta las nueve de la noche. A las siete de la tarde presidió su superior, el P. Gómez Muntán: "Os tengo que decir como jesuita y superior suyo que la Compañía, a la que represento, y mi comunidad tenemos mucho que agradecer al P. Morales". La última misa del domingo la presidió el entonces Nuncio en España, Mons. Tagliaferri: "Vuestro padre, vuestro fundador, ya ha terminado su peregrinación. Ha pasado como pasamos todos, pero su paso deja un rastro: era el hombre de fe, el hombre que ha creído profundamente en el Señor".

(Cfr. JAVIER DEL HOYO, Profeta de una civilización, Ediciones Encuentro 1997)
 

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[Cruzadas de Santa María]

Revisado: 28.09.2009